Por Julio Arce Solanara
Antes de nada, muchas gracias a Daniel Peces por dejarme participar en su web, es todo un placer asomarse a la cultura popular a través de la ventana que ha abierto.
Me declaro amante de todas las tradiciones de mi tierra y experto en ninguna de ellas. Muchos son los estudiosos que concienzudamente visitaron pueblos, abrieron arcones, recopilaron costumbres y difundieron sus saberes. He aquí un sencillo texto el cual no pretende profundizar en exceso en ningún tema, puesto que no es el objetivo, sino dar a conocer de forma global parte de nuestro patrimonio.
Analizar el folclore de una tierra como Cantabria pasa por reconstruir un puzle de muchas piezas que encajan entre sí con curiosa fortuna.
Cantabria es una tierra de grandes contrastes con multitud de valles y se pasa de la montaña al mar en muy pocos kilómetros, pero los suficientes como para marcar el carácter de la gente y con él, sus costumbres. Aquí no se pretende profundizar en todo el folclore cántabro, pero sí dar una visión global de varios aspectos que lo definen.
El instrumento fundamental y universal es la voz y en nuestra tierra no iba a ser menos.
El cantar tradicional de la tierra, como se describió en la Fiesta Montañesa de 1900, tiene un sonido melancólico y con esta sonoridad encontramos cantos de siega, de ronda, de la mar, de nanas, de bodas, de Pascua, los Ramos…etc., y de todas las situaciones del día a día de aquella época que conforman la rueda del año.
Voces claras que alardean con requiebros en la voz con gran potencia y altura aunque también se han recogido cantares casi susurrados con enormes retorneos.
Las rondas de hombres eran frecuentes en todos los pueblos de Cantabria saliendo a pedir en fechas muy concretas como los Aguinaldos o las Marzas.
El estilo siempre fue cantando al unísono en círculo cerrado apoyados sobre los palos que portaban y con gran potencia. Tras el tema un “iujujú” agudo (jusquíu o jisquíu) gritado al viento por uno de los mozos hasta quedarse sin aire en los pulmones o corto e intenso, en función de la pericia y de la zona donde nos encontremos.
Esta forma de cantar fue evolucionando con el paso del tiempo transformándose en las actuales formaciones conocidas como coro-ronda que cantan en polifonía los temas tradicionales y que con el tiempo fueron incorporaron voces femeninas que acompañan con pandereta las diferentes canciones.
Es curioso comprobar como el folclore musical de Cantabria se puede reducir en esencia a dos ritmos de “jota a lo pesao” y de “jota a lo ligero”.
A estos ritmos se le dieron otros nombres como “arriba” (ligero) y “abajo” (pesao) en el Pas, “a lo alto” y “a lo bajo” en la montaña o “la jota” y “lo mudao” en el occidente. El de “jota a lo pesao” no es otro que el mismo ritmo de jota que se baila igualmente en resto de la península. Sin embargo, la jota en Cantabria no se entiende completa sin su segunda parte, la “jota a lo ligero”. Se trata de un ritmo de 2/4 similar a otros ritmos binarios del país con un carácter más vivo y alegre.
Esta segunda parte era el momento del regocijo, del divertimento puro y espontaneidad en el que las mujeres jugaban a “pegársela” a los hombres haciendo quiebros hacia un lado u otro o girándose en medio de una vuelta para poner en vergüenza a su acompañante por no saber seguirlas.
De igual forma era el momento en el que los hombres de fuera del baile entraban para quitar el sitio a los que se encontraban en él.
El instrumento madre del folclore de la región es la pandereta y aparece tanto en danzas rituales como en bailes de romería.
Percutida por las manos de las mujeres tocadoras fueron responsables de animar los días de baile en los diferentes pueblos de Cantabria. Las tocadoras por lo general eran una o dos mozas cantando al unísono. Elevaban sus timbres buscando las notas más agudas haciéndolas volar por encima del soniquete de las sonajas hasta llegar a las largas filas de bailadores que se disponían a bailar o en corro como se baila en la comarca del Asón.
Los estilos del toque de la pandereta en Cantabria pueden asociarse de una manera muy simplista a cada Valle siendo cierto que, este instrumento permitía que cada mujer le diera su estilo y sonoridad personal por lo que se han encontrado, entre las mujeres de una misma familia, diferentes formas de tocar los mismos temas.
De manera general, podemos separar los temas en dos partes; las coplas o estrofas y el estribillo, aunque algunas carecen de este segundo.
El toque de las panderetas es diferente si se canta la estrofa o el estribillo, cambiando no sólo rítmicamente si no también la posición de la pandereta.
Las coplas son tocadas en vertical con una única mano y pasa a estar semitumbada y percutida con ambas manos en los estribillos como es al estilo lebaniego, purriego o en la montaña, cada uno con sus particularidades.
Como toque más singular y con nombre propio nos encontramos en la zona del Pas y en la mancomunidad de Campoo-Los Valles la “mano vuelta”, toque en vertical con el reverso de la mano con el puño semicerrado usado en los estribillos.Era la pandereta la que mandaba en el baile, era la que decía cuando se mudaba de paso, cuando se giraba y cuando era el momento finalizar.
Estas mujeres supieron adaptarse a las nuevas modas y fueron capaces de hacer suyos los ritmos modernos de pasodobles, rumbas, habaneras y valses dada su similitud rítmica de estos con los toques que ya conocían.
Es curioso observar que, así como en regiones limítrofes como es el caso del País Vasco podemos encontrar numerosas piezas musicales de mazurcas, polkas y valses, estos ritmos y melodías no han superado la criba del paso del tiempo en nuestra región.
Quizás el motivo sea porque no fueron asimiladas por el pueblo como identitarias siendo modas pasajeras que no han trascendido hasta nuestros días, de hecho, el porcentaje de estas piezas musicales es muy pequeño si lo comparamos con los pesaos o ligeros.
Los días de fiesta eran contratados músicos profesionales para amenizar toda la jornada comenzando con las dianas muy de mañana. Por lo general fueron dulzaineros en la zona oriental y sur, algunos incluso de origen castellano y gaiteros en la occidental, muchos de ellos de origen asturiano. Poco a poco y con la aparición del pitu montañés o requinto, estos instrumentos fueron desplazados, siendo este nuevo instrumento el que se convirtió durante mucho tiempo y hasta que se ha vuelto a rescatar y a poner en valor a los anteriores a finales del siglo pasado, el instrumento por antonomasia del folclore Montañés.
Otro instrumento representativo del folclore en Cantabria es el rabel o también llamado bandurria.
Instrumento de cuerda asociado a la cultura árabe y de igual forma al pastoreo, encontrándose en muchos puntos del panorama nacional debido a la trashumancia. Podemos distinguir dos estilos en el tañer del rabel, sentado con él entre las piernas, lo que se ha llamado estilo purriego por ser popular en el Valle de Polaciones y alto Nansa y tocado de pie apoyándolo sobre el hombro, estilo campurriano por su abundancia en el Valle de Campoo.
El rabel ha animado las tardes de invierno al calor de la lumbre de la cocina o durante las jilas ya sea tocando jotas o romances, y es esto último de lo que Cantabria puede presumir, del gran romancero que existe en esta región.
En cuanto a los bailes y danzas que conforman el folclore de Cantabria, nos encontramos con una historia llena de medias verdades que nos hemos querido creer y que con el paso del tiempo han dado forma a lo que ahora se conoce como bailes tradicionales.
La danza que se ha considerado como netamente montañesa es el Baile al Santo o los Picayos. Los danzantes, tocando las castañuelas, bailan alrededor de dos filas de mujeres enfrentadas que golpean las panderetas al son de “torta y leche” mientas cantan coplas en honor al Santo o Virgen. Si bien esta danza, en sus diferentes versiones, se ha mantenido intacta en su esencia, en algunas ocasiones se han hecho modificaciones para acomodarla al escenario, a ese espacio de 3 paredes con un único punto focal. Como curiosidad, en el caso del pueblo de Cabuérniga los Picayos fueron cantados y no bailados.
Si hay que destacar un canto religioso brindado por las jóvenes de una localidad a su patrón, este sería el que se hace en la fiesta de La Folía en San Vicente de la Barquera. Las mozas, vestidas con un atuendo marinero, tocan sus panderetas al unísono cantando coplas a la Virgen de la Barquera con un gran sentimiento y devoción.
Otros cantos similares son los que se hacen durante la entrega de los Ramos, ya sean en festividades de invierno como en verano, costumbre a medio camino entre lo profano y lo religioso extendida en otros territorios en la que las mozas engalanan una rama o un armazón de madera con flores o papeles de colores a los que incorporan frutos, rosquillas y demás alimentos como ofrenda que posteriormente son rifados.
Si viajamos por el oriente de Cantabria encontramos las Danzas de Palillos y las Varas. Las Danzas de Palillos eran bailadas bien temprano los días de fiesta casa por casa por 8 mozos siendo acompañados por los músicos, dulzaineros originalmente y piteros en épocas más recientes. Tras cada figura de la danza se gritan los “vivas” a los habitantes de los domicilios siendo recompensados con dinero o comida, el bolsero es el noveno componente encargado de recogerlo.
Como danza hermana, ya que se ejecutaba en los pueblos donde se bailaban la Danza de Palillos, están las Varas o como se han popularizado por los grupos de danzas, Danza de Arcos. Bailando al son de los músicos de espaldas en procesión delante del Santo, los mozos siguen al capitán realizando figuras con arcos forrados con papeles de colores mudando de paso y de figura según manda la música y el capitán. En algunas localidades también existe la figura del zorromoco o del zorrocloco un danzante vestido de forma singular encargado de abrir el ruedo y mantener al público fuera de la zona de baile a base de golpes con una vejiga de cerdo inflada.
Muchas son las melodías recogidas para Palillos y Varas por Sixto Córdova en su cancionero y pocas las danzas que han llegado a nuestros días siendo cada vez más monocolor la variedad musical y coreográfica de ellas.
En Ruiloba se conservan dos joyas del folclore popular preservadas por los mozos del pueblo, la Danza de las Lanzas y el Baile a lo Llano. El primero fue llevado al escenario por la folclorista Matilde de la Torre adaptándolo y aderezándolo con elementos que evocaban tribus prerromanas como el sonido de la caracola transformándose en uno de los bailes más exportados por los grupos de danzas, La Baila de Ibio.
La danza original era bailada en la festividad de Nuestra Señora de los Remedios por veintiún hombres liderados por el pelotero, que lleva un bastón de mando y coordinados por el rabonero que con su toque de castañuelas manda cambiar de figura y de paso.
El segundo baile se trata de uno los escasos romances bailados en la península el de La boda estorbada y cuya temática dio nombre a la adaptación coreográfica llevada por los grupos de la región, el Romance del Conde Lara.
Si nos trasladamos hasta el valle de Liébana encontramos dos bailes el Pericote, diferente del asturiano y el Trepeletré. En ambos casos sufrieron la adaptación al escenario por la Sección Femenina dando lugar a dos bailes completamente diferentes a lo que eran en origen.
En el pueblo de Tresviso aún se baila el Pericote como se hacía entonces, simples ochos ejecutados por ternas de personas en los que los bailadores entran y salen de forma alternativa sustituyendo a los de dentro. A estas figuras se le añadieron otras para hacer más atractivo el baile incluyendo desprecios a los bailadores al comienzo del Pericote y cambiando el ritmo monótono y las voces por el tambor y la gaita.
En el caso del Trepeletré, se trataba de un baile sencillo un tipo de jeringonza del fraile en el que se hacía lo que citaba la canción ya sea buscando una nueva pareja, dejando en el baile solo a tu acompañante o girando cuando el coro canta “dar vueltas al aire”.
Este baile se recreó y se estructuró en una coreografía cerrada que no permite la entrada de otros bailadores durante su ejecución surgiendo el actual Trepeletré.
Si hay que remarcar un baile descontextualizado y de conocida creación es el Baile del Cuevanuco.
Se trata de una coreografía evolucionada de otra que bailaron los grupos de Palencia cuya temática hace mención a los pasiegos y sus costumbres, motivo por el cual tuvo gran aceptación y acabó siendo adoptada por los grupos de la región.
Anteriormente se ha hablado de la jota. En cada valle de Cantabria hay un estilo diferente para ejecutar las jotas. Algunos de ellos tienen un aire posado como es el caso de Liébana, Polaciones o Campoo, cada una con sus particularidades, y otras un estilo más saltado como es el caso de la zona de Soba y de la Jota Montañesa. Esta última sin duda ha sido la más popular entre los grupos de danzas por su vistosidad.
Como curiosidad, jotas montañesas hay tantas como grupos pues todos han ido evolucionando en el tiempo formas diferentes de bailarla encajando en las melodías los giros y cambios de paso que han considerado perdiéndose las órdenes que llegaban de la música.
Al igual que en el resto de España, las castañuelas o pitos fueron tocados por los bailadores masculinos durante el baile, excepto en Tresviso, que por influencia asturiana también fue costumbre de mujeres.
Podríamos hablar de otros bailes como Las Cintas de Lamadrid, el Pingajo documentado en Cueto, La Rueda de Campoo, la Danzas del Santo Cristo del Amparo y la Danza de San Pedro de Comillas, las danzas de Cintas y Varas interpretadas en La Revilla…etc pero esto sólo pretende ser una introducción para el que quiera acercarse al folclore de Cantabria.
Aquí dejo el enlace de un estudio realizado por Beatriz Cea sobre las danzas y bailes de Cantabria.
El folclore de Cantabria es variado y en muchos casos reelaborado. Con el paso del tiempo la sociedad ha ido asimilando las diferentes creaciones asumiendo el pueblo estas como seña de identidad cuando algunas nunca existieron tal y como se interpretan.
Quiero dar las gracias a Daniel Sánchez por su colaboración con este artículo y animarlos a seguir su blog EN ABARCAS Y ESCARPINES.






